Quisiera vivir uno de esos días en los que la sangre de mi cuerpo se colapsa en cuanto se cruzan las puertas, sin llave en mano para entrar de nuevo. Quisiera uno de esos días, donde me asfixio desde la ventana de algún cuarto frío y usado. Donde el sabor no me sepa a nada, donde tus labios me dejen con ganas. Quiero uno de esos días, cuando el suelo es un mar de cristales rotos a desgana, de gotas de sudor frío recorriendo mi espalda. De esos que hasta el algodón se empape de tu nostalgia, de mis cortinas con ese olor a champú que tanto me echaste en cara, que tanto echas en falta. Quisiera entonces, si no es mucho pedir y poco blasfemar, que me retuerzan de nuevo las cadenas que una vez me hicieron libre. Libertad contigo. Destierro sin tus ojos.
También quisiera, pecando de materialista, ese reloj tuyo donde se nos rompieron las horas y los llantos, a conjunto con tu posterior risa y mi anterior caricia. Quisiera exactamente el cielo amarillo repleto de rayos que dibujamos un día en nuestros pies, cuando aun ahí afuera, el temporal amainaba y pedía nuestro improbable sueño. Me gustaría -que no quisiera- que todo fuera como aquello.
Que mis ojos mirasen de la misma forma como cuando me decidía a morderte con las palabras.
Que tu risa fuera realidad posterior y anterior a mis acciones.
Que el cielo nos comiese el pecho tan a menudo como siempre.
Que las ventanas, las vistas, el suelo y los cristales me recordaran cómo era eso de pedir y que me oyeses. ¿Me escuchas?
Que deje de querer, tal como quise, tal como querré.
martes, 12 de noviembre de 2013
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Smoke.
Fumando el último calo del cigarro, apretando labio con labio su ya chupada tez. Se me escapa una sonrisa y el humo borbotea más agitado hacia la calle. Qué tontería, pienso. Enredado entre dos dedos, el cigarro que queda es apagado fugazmente en el banco de fría piedra donde estoy sentada. Y me sale de nuevo. Quién me viera, digo.
Alzo la cabeza dirección su cuerpo trapecista. Y sin apenas luchar mucho para ajustar la visión, ahí está, voltereteando aún junto a mi, sonriendo hacia fuera, amando por los dos. Ahora le ha dado por mover lentamente las manos como queriendo entrar aquí, haciendo acopios de desgarrar algo que debe rodearme, para meter una pierna y después otra y encontrarse ya dentro, frente a mi. Ahí está.
Me acuerdo que en el bolsillo izquierdo de mi abrigo tengo otro más. Lo saco a la vez que saco el fuego. Labio con labio. Levanto la mirada y ya no estás. Sonrío de nuevo. Pero qué tonta, mientras empaño el aire con mi ardiente aliento. Una neblina se levanta a la altura de mis ojos formando un círculo sin interior y ya no soy capaz de dejar de sonreír.
Un calo tras otro, el mismo banco de fría piedra y "qué jodido es el invierno desde que rompiste aquello que me cubría".
viernes, 13 de septiembre de 2013
Capriulo.
Qué dura es la vida del estudiante
ahora que no estás cerca.
"¿Os acordáis cuando aquel día hizo...?" Y claro que lo recordamos. No podríamos borrarlo aunque los días nos fueran en ello. Así pasamos los ratos juntos, nombrándote sin querer queriendo. Pidiendo silencio cuando tu nombre se cuela más de lo que podemos aguantar. Si no existieses sería más sencilla la espera. Un año. Un año y todo lo que eso conlleva.
ahora que no estás cerca.
Nos separan continentes y aun así siento tu sonrisa en mi espalda. Tus dientes de leche tan brillantes como siempre, con los que nos despejas la mente a todos. Tus manos flamencas, que se sacuden como hojas de cualquier rincón de Oviedo en otoño. Era tu pelo enmarañado el que ahora me gustaría desenredar. Las canciones de "QUE LES DEN", de "CAMINA CON LA CABEZA HACIA ARRIBA", de "CUENTA CONMIGO EN CADA SEGUNDO", de "YA VERÁS COMO TODO SALE BIEN".
Cómo te recuerdo.
"¿Os acordáis cuando aquel día hizo...?" Y claro que lo recordamos. No podríamos borrarlo aunque los días nos fueran en ello. Así pasamos los ratos juntos, nombrándote sin querer queriendo. Pidiendo silencio cuando tu nombre se cuela más de lo que podemos aguantar. Si no existieses sería más sencilla la espera. Un año. Un año y todo lo que eso conlleva.
Cómo te echo de menos.
Tal vez mi error contigo siempre fue el mismo. No expresarte suficientemente lo fundamental que eres aquí dentro. Mi error, ser sabedora de lo que es estar feliz con una carcajada entre las dos. Mi error es no aprender a vivir sin todos los trocitos que tú me has ido prestando.
Mi error, Letizia, es haber pensado que existen más personas como tú.
lunes, 26 de agosto de 2013
Quería oír de nuevo tu voz.
Es caprichoso
el pensamiento lúcido de haberte sabido.
Constantemente pide alimento
eso que hace que aún permanezcas aquí.
Soliendo caer de rodillas
en el instante en que tu boca me implora.
Incesantes las veces
en las que el Sol de estos montes te observa.
Inquietante es tu historia,
magnífico el narrador que me embelesa.
Desfalleces de la nada
casi atropellando todos mis malos momentos.
Consultas mi oscuridad
aprovechando que yo no estoy presente.
El cigarrillo de después
contigo siempre será el de "antes de".
La manera de chirriar
que tienen ciertas palabras en tus dientes.
Tu curiosidad al borde
de uno de mis armarios sin fondo.
El hecho de que tus calcetines
no se deslicen por tus piernas cuando caminas así.
Que tu mejor aliado
sea una tabla de madera tan pisada como tu alma.
Utilizar mis matices
cuando de un óleo profundo procuramos hablar.
Dejando de desearnos
los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches.
Alargando algún tiempo más
la cuerda que sutilmente cortas sin que nadie te vea.
Volviendo paralelo
lo que temes e intuyes que se cruzará contigo como una daga.
Acojonándote
como nunca jamás supiste hacerlo.
magnífico el narrador que me embelesa.
Desfalleces de la nada
casi atropellando todos mis malos momentos.
Consultas mi oscuridad
aprovechando que yo no estoy presente.
El cigarrillo de después
contigo siempre será el de "antes de".
La manera de chirriar
que tienen ciertas palabras en tus dientes.
Tu curiosidad al borde
de uno de mis armarios sin fondo.
El hecho de que tus calcetines
no se deslicen por tus piernas cuando caminas así.
Que tu mejor aliado
sea una tabla de madera tan pisada como tu alma.
Utilizar mis matices
cuando de un óleo profundo procuramos hablar.
Dejando de desearnos
los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches.
Alargando algún tiempo más
la cuerda que sutilmente cortas sin que nadie te vea.
Volviendo paralelo
lo que temes e intuyes que se cruzará contigo como una daga.
Acojonándote
como nunca jamás supiste hacerlo.
miércoles, 31 de julio de 2013
Que seas de esos como ninguno.
Lo jugoso e incierto de tu boca. Y el no entender ni querer comprenderte. Lo que me pierde entre la neblina de tu mente de la mano de la respiración tenue despertando mi anhelo de ti.
Buscar que me tiemble el alma y encontrarte borracho pidiendo amor y consuelo. Agua para tu fuego. Alcohol para tus heridas. Enganches tontos con parches de silicona que me dicen que eres de mentira, que te incendias a la mínima si se acercan a uno de tus rizos vergonzosos. Doblarme en cinco para entender lo que ambos no entendemos. Perder el tiempo no pensando en tu manera de pasearte por mi espalda. Pequeño vividor lleno de nudos y agujas, admites costureras y drogadictas para pasar el rato. Te gusta lo inhumano y radical, muerdes cuando se te presentan unas piernas de envoltorio abre-fácil.
Después llego yo.
Sin querer llegar y llegando. Siendo de esas que pocos recomiendan. Con el manual de instrucciones algo roto y usado, hojas arrancadas y páginas dobladas para recordar los puntos claves de todo el libro. Llego yo sin saber aun cómo colocar un mentón sobre un hombro. Observando despegues de aviones que nunca me contienen a mi. Llego yo y parezco desconcertarte. Por qué y por qué. Y no tengo las respuestas a tus dudas. No las tengo porque no las he parido. Soy yo. Esa que come y calla -pero observa-. Simple y escurridiza. Temerosa y valiente. Cuando doy con esa mirada, pierdo. Siempre pierdo del mismo modo, en el mismo lugar, con las mismas ganas de ser derrotada. Cuando me toca la curva de su boca, que pocas veces se pronuncia, que muy de poco en poco ve la luz del Sol, cuando me toca, me gana de nuevo y vuelvo a ser de las que no recomiendan. Pensarte es poco probable si de historias duraderas hablamos. Lo sabe todo el mundo. Quien me gana casi nunca perdura en mi alcoba.
Lo que me sorprende y aviva las llamas que hace mucho se apagaron, es el hecho que vivas en mi como vive un gato.
Sé que te tengo por algún rincón de la casa, pero no cuántas vidas seguirás aquí.
Buscar que me tiemble el alma y encontrarte borracho pidiendo amor y consuelo. Agua para tu fuego. Alcohol para tus heridas. Enganches tontos con parches de silicona que me dicen que eres de mentira, que te incendias a la mínima si se acercan a uno de tus rizos vergonzosos. Doblarme en cinco para entender lo que ambos no entendemos. Perder el tiempo no pensando en tu manera de pasearte por mi espalda. Pequeño vividor lleno de nudos y agujas, admites costureras y drogadictas para pasar el rato. Te gusta lo inhumano y radical, muerdes cuando se te presentan unas piernas de envoltorio abre-fácil.
Después llego yo.
Sin querer llegar y llegando. Siendo de esas que pocos recomiendan. Con el manual de instrucciones algo roto y usado, hojas arrancadas y páginas dobladas para recordar los puntos claves de todo el libro. Llego yo sin saber aun cómo colocar un mentón sobre un hombro. Observando despegues de aviones que nunca me contienen a mi. Llego yo y parezco desconcertarte. Por qué y por qué. Y no tengo las respuestas a tus dudas. No las tengo porque no las he parido. Soy yo. Esa que come y calla -pero observa-. Simple y escurridiza. Temerosa y valiente. Cuando doy con esa mirada, pierdo. Siempre pierdo del mismo modo, en el mismo lugar, con las mismas ganas de ser derrotada. Cuando me toca la curva de su boca, que pocas veces se pronuncia, que muy de poco en poco ve la luz del Sol, cuando me toca, me gana de nuevo y vuelvo a ser de las que no recomiendan. Pensarte es poco probable si de historias duraderas hablamos. Lo sabe todo el mundo. Quien me gana casi nunca perdura en mi alcoba.
Lo que me sorprende y aviva las llamas que hace mucho se apagaron, es el hecho que vivas en mi como vive un gato.
Sé que te tengo por algún rincón de la casa, pero no cuántas vidas seguirás aquí.
domingo, 30 de junio de 2013
Tedioso.
Explicar lo inexplicable, lo que únicamente mi sector y yo entendemos. Explicar a qué sabe el viento o de qué color es la amargura. Sospecha de lo que llegarían a ser grandes historias enjauladas en la parte de atrás de alguna biblioteca, quizá de algún museo donde nos observaran a ti y a mi crecer en este ambiente ponzoñoso, con veneno en la sangre y sudor en las entrañas. Esos dos -nosotros-, violando el aliento tan bruscamente hasta quebrarlo en el momento que menos lo necesitábamos, donde más vida nos arrebató. Nos miran desde la cristalera que nos recubre. Sus ojos, incrédulos y algo absortos por tu frialdad y la mía. Quisieran entender tu relación con el mundo y mi reparo por él.
Volvemos a lo inexplicable y a la dificultad de mirarles con el amor que ya no tenemos en ningún rincón de las células. Lo siento. Se marchitó, nos golpeó, atizó, dobló, rompió, retorció, arrastró, escupió y rechazó hasta más no poder.
Y aquí, dentro de esta caja irrompible, donde no hemos vuelto a ver el cielo del color con el que pudimos verlo, peleando con nuestros ojos y su memoria, ajustando detalles que nos vuelven rígidos y poco volátiles, nos vemos las caras sin quererlo, chocamos o esquivamos la esperanza y lo creíble de entre los recuerdos y el presente, que nos apelmaza en el pelo y difurca la raíz que fuimos, con la punta de la hoja que ahora somos. Nos mancharon el alma y les salpicamos con ello. Perdimos poder, altura y fuerza para obtenerla odiosamente más tarde reservado entre la costilla y el pulmón, cerca del pecho, entre lo que late ahí.
lunes, 10 de junio de 2013
Que la estrella se estrelle.
Señora, no está.
Mi huésped y el piano se han ido
sin avisar
sin notas;
ni besos.
Aquí el silencio me sube el vestido
destapando cada centímetro.
Desde el vacío de la clavícula
hasta la tristeza en los tobillos
burlándose de la tormentosa y fría desnudez.
Aquí el silencio me sube el vestido
destapando cada centímetro.
Desde el vacío de la clavícula
hasta la tristeza en los tobillos
burlándose de la tormentosa y fría desnudez.
El suelo se alarga bajo mis pies
ya nada es igual
todos los cuadros me miran ahora
con gesto oscuro
y sonrisa torcida.
Noche solitaria, incrédula e infinita.
Contar obstáculos con el dedo
no será ni parecido
ahora que se ha ido
sin llevarme a mi.
Estas pestañas rechazan sequedad
en huelga contra el potingue
que las ahoga en negrura
y me asfixia a cólera y hambre
Pensándote como casi nunca.
Me reviso y ya nada queda
del brillo ardiente en mis gemelos
-en mis gemelas- quejándose amargamente
a través de la almohada rencorosa de besos
de esos que ahora anhelo.
Sentarse en la cama como poco
será la manera de alargar el calor
que a mis labios he de explicar,
como que eso que eras tú
ya no volverá jamás.
y sonrisa torcida.
Noche solitaria, incrédula e infinita.
Contar obstáculos con el dedo
no será ni parecido
ahora que se ha ido
sin llevarme a mi.
Estas pestañas rechazan sequedad
en huelga contra el potingue
que las ahoga en negrura
y me asfixia a cólera y hambre
Pensándote como casi nunca.
Me reviso y ya nada queda
del brillo ardiente en mis gemelos
-en mis gemelas- quejándose amargamente
a través de la almohada rencorosa de besos
de esos que ahora anhelo.
Sentarse en la cama como poco
será la manera de alargar el calor
que a mis labios he de explicar,
como que eso que eras tú
ya no volverá jamás.
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